Este circuito de una semana captura la esencia más profunda y espectacular de Marruecos. Conduce desde el bullicio de Marrakech, a través de las montañas del Alto Atlas y las antiguas kasbahs del sur, hasta el silencio atemporal del desierto del Sáhara.
Es un viaje de contrastes extremos, donde se vive la magia de un amanecer en las dunas de Erg Chebbi, se exploran fortalezas de leyenda como Ait Ben Haddou y se regresa a la vitalidad eterna de Marrakech. Una ruta clásica diseñada para dejar una huella imborrable.
El viaje comienza dejando atrás el ajetreo de Marrakech para adentrarse en la grandiosidad del Alto Atlas. Cruzando el puerto de montaña de Tizi n’Tichka, el paisaje se transforma en un espectáculo de colores ocres y verdes. La ruta tiene una parada emblemática en la Kasbah Ait Ben Haddou, una fortaleza de adobe declarada Patrimonio de la Humanidad que parece surgir de la tierra y ha servido de escenario para innumerables películas.
Tras explorar sus callejones, el camino continúa hacia el este, recorriendo el Valle de las Rosas (especialmente florido en primavera) hasta llegar al dramático anfiteatro rocoso de las Gargantas del Dades. Aquí, el río ha esculpido un cañón impresionante donde pasarás la noche, a menudo en un hotel con balcón colgante sobre este paisaje de otro mundo.
Este día está marcado por la transición definitiva hacia el Sáhara. La mañana comienza recorriendo la famosa Ruta de las Mil Kasbahs, con parada obligatoria en las no menos espectaculares Gargantas del Todra, un desfiladero de paredes verticales de hasta 300 metros ideal para un paseo. A medida que avanzamos, la vegetación se vuelve más escasa y el paisaje se tiñe de ocres y dorados, anunciando la proximidad del desierto.
Al llegar a Merzouga, a los pies de las dunas de Erg Chebbi, el viaje da un giro mágico: subirás a lomos de un dromedario para una travesía silenciosa al atardecer. La caravana avanza entre dunas hasta un campamento de jaimas bereber, donde cenarás bajo un cielo estrellado de una claridad abrumadora, viviendo la auténtica experiencia nómada.
Despertar antes del amanecer es una recompensa en sí misma: ver cómo los primeros rayos de sol pintan las dunas de tonos naranjas, rosas y dorados es un momento inolvidable. Tras el desayuno en el campamento, regresarás a Merzouga para despedirte del Sáhara y poner rumbo norte hacia Ouarzazate.
En el camino, el paisaje vuelve a mostrar kasbahs y palmerales. Ya en la conocida como “Ciudad del Cine”, visitarás los imponentes Estudios Atlas, donde se han rodado grandes producciones, y explorarás la laberíntica Kasbah de Taourirt, antiguo símbolo de poder.
La tarde queda libre para pasear por esta tranquila ciudad de aire colonial y disfrutar de una noche relajada, con la sensación de haber viajado del silencio infinito del desierto al corazón de la historia cinematográfica de Marruecos.
El último día está dedicado al viaje de regreso desde las puertas del desierto hasta el corazón de Marrakech. Después del desayuno en Ouarzazate, se emprende la ruta cruzando por última vez la majestuosa cordillera del Atlas a través del puerto de Tizi n’Tichka, un trayecto escénico lleno de curvas y paisajes cambiantes.
El viaje es una oportunidad para reflexionar sobre las experiencias vividas en los días anteriores: las kasbahs monumentales, el silencio del desierto y la inmensidad de las montañas. La llegada a Marrakech no incluye visitas turísticas programadas; el servicio concluye con el traslado directo a su hotel o riad en la ciudad.
La tarde y la noche quedan completamente libres para descansar o, por iniciativa propia, dar un primer paseo por los alrededores de su alojamiento en la Ciudad Roja.
